Nombre: Gustav
Edad: 18 años
Altura: 1.70
Clan: Hervíboro
Especie: Ciervo blanco
Rango: Alumno
Gustos: Pasar las horas muertas viendo un bonito atardecer. Le encanta la menta, no hay alimento que tome, que no sea acompañado con menta. También le gusta provocar a los demás para que "jueguen" con él.
Habilidades : Muchísima agilidad. Es bastante veloz y rara vez pierde el equilibrio.
Debilidad: Muy sumiso. Siempre anda pendiente de lo que piensen los demás de él y tienen a ser sumiso para complacer.
Personalidad: Callado al principo, pero luego bastante curioso. Se ríe con facilidad y le gusta astar bromas. Es algo cínico y un poco testarudo.
Biografía: Ha vivido en el bosque desde que tiene uso de memoria. No sabe quienes fueron sus padres, aunque tampoco le importó. Era feliz en aquel lugar. Estaba rodeado de todos sus caprichos y eso hizo que no controlara su aura, por lo que se pasaba la mayor parte del año transformado en un bonito ciervo blanco de cornamenta pequeña.
Pero un día, decidió que prefería la apariencia humana. Aunque aquel lugar era el paraíso para él, no le servía de bada sino tenía a nadie con quien compartirlo. Se sentía solo y poco a poco fue perdiendo el interés hacia las cosas del bosque.
Un día, mientras buscaba unas tiernas bayas, se encontró con un enorme y precioso ciervo pardo. Contento por haber encontrado a alguien, se acercó. Pero, éste huyó. Gustav tardó en descubrir que aquel animal temía a los humanos y que por eso había huído. Siguió con su vida solitaria y volvió a descontrolarse. Ahora, rara vez era humano. Volvió a encontrar al ciervo de la otra vez y esta vez se acercó con la esperanza de que no huyera... y en efecto no huyó, pero se lanzó a por él, clavando su cornamenta en su blanca piel y rompiéndole un asta. Gustav consiguió escapar y decidió ser humano y dejar ese lugar. Por eso ungresó en el instituto, para poder controlarse lo mejor posible.
Dato anexo: Tiene una larga cicatriz en la espalda, señal del ataque del otro ciervo.
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Tus ojos iluminan mi camino. MIERDA, parpadeaste y me dí contra un pino.